Guapuras, tengo que aclarar un punto, durante 15 años me maquille DIARIO, incluyendo vacaciones en la playa.

Empecé a maquillarme a los 13 años por un problema de acné. Quería tapar las costras y marcas que tenía en la cara, resultado de los faciales que me hacía para quitarme los miles de granitos que me salían. A pesar de las recomendaciones de dermatólogos y cosmeatras de no maquillarme, lo hacía.

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yo, a los 15.

Para los que no me conocen, crecí en una familia en la que las mujeres se maquillan todos los días.

Hablo de un maquillaje nivel pro: base, correctores, sombras, delineadores, rímel, lápiz de labios, labial, rubor y hacían retoque después de la comida, para estar perfectas. Obvio este tipo de maquillaje iba acompañado de peinados con tubos eléctricos y secadora.  Así que para mí era extremadamente natural, e inclusive necesario, maquillarme y peinarme para estar mínimamente presentable.

Mamá y yo. (Ella sigue idéntica)

Bueno, el punto de este post.

Perdí una apuesta y cuando aposté estaba tan segura que ganaría, que las palabras “Te apuesto lo que quieras” salieron de mi boca. Créanme cuando les digo que me trague mis palabras (jajaja).

Perdí la apuesta, evidentemente, y me dijeron “Lo que quiero para pagar esta apuesta, es que no te maquilles un mes completo”. Si algo he aprendido en esta vida es que las apuestas se pagan, si no honras tus palabras… estas pierden valor.

¡No se imaginan lo que fue presentarme a todos lados con cara lavada! Por muy poco que me pusiera, siempre me hacía las cejas, blush y rímel, aquí ni eso podía.

Me di cuenta de algo: para mí el maquillaje es una herramienta de empoderamiento, como lo he mencionado varias veces en este Blog. Lo he trabajado tanto así, que cuando no lo tuve, descubrí un pequeño demonio personal bailando libremente, el cual ni siquiera sabía que existía:

 EL 99% DE MI SEGURIDAD Y CONFIANZA SOCIAL RECAIAN EN MI MAQUILLAJE y aspecto físico.

Si has ido a una de mis conferencias ubicas que siempre digo “Arréglate para ti, para empoderarte, para controlar los estímulos que envías”.  

La primera vez que me paré en una reunión de trabajo sin una gota de maquillaje fue incómodo, me sentía tan en descontrol que no dije una sola palabra.

Lo sorprendente fue lo que aprendí de mi apuesta.

Quien eres, lo que sabes y lo que tienes para decir NO PUEDE DEPENDER de tu aspecto físico. La imagen y el cómo te arreglas por supuesto ayuda a crear una impresión y a crear coherencia, por ende, a vender. Pero no puedes depender de tu aspecto físico para hacerte escuchar.

Poco a poco me fui sintiendo más cómoda y lo más impresionante, mi piel empezó a desintoxicarse. ¡Pues claro, después de 15 años mi piel por fin respiraba todo el día!, Al final de mi castigo la piel me había cambiado, hablaba y me hacía escuchar en cada una de mis reuniones y al final hasta se me olvidaba que no traía maquillaje.

Mi aprendizaje: El maquillaje y estilo es forma de expresión y es un juego. No es quien soy y ya no lo necesito. Decido usarlo cuando quiero, pero me liberé de una creencia que limitaba mis horizontes.

Espero que este post te haga dudar de lo que haces diariamente y te haga preguntarte ¿de qué depende mi seguridad? Verás tu seguridad no debería de depender de algo externo como un maquillaje, una prenda de ropa o un trabajo. Eres quien eres y ahí es donde recae tu valor.

Sin maquillaje, sin peinar, sin ropa que me empodere y muy feliz.

Con amor, Yara.

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